LIMA, Domingo 13 de Noviembre del 2011

    Ancón: transforman basura en fertilizantes y eliminan gases tóxicos

    Lima, 24/9/2011 Experiencia a seguir. Método puede reducir efecto contaminante de 50 años a 45 días. Se evita la liberación de gas metano, 25 veces más contaminante que el CO2, y de aguas residuales, que contamina 50 veces más que el desagüe común.

    Cynthia Campos.

    Existe un lugar en Ancón en el que la basura tiene un uso productivo, allí su presencia no contamina y es más bien usada para enriquecer los suelos, de donde volverán a nacer productos alimenticios. Ese lugar es el Centro de Investigación Biológica que la Universidad Católica Sede Sapientiae (UCSS) ha implementado a 45 minutos de la ciudad.

    Aquí, en lo que hace unos 5 años era un basural, entre el mar y un conjunto de viviendas, la basura es sometida a un método llamado “compostaje”, que consiste en tratar la basura orgánica –las sobras que usted deja en su plato, las peladuras de frutas y vegetales, vísceras de pollos, etc.– para que no vayan a dar a un relleno sanitario en el que junto a otros residuos emitirán gases y liberarán líquidos que contaminarán el aire y los suelos por 50 años.

    La ruta de la basuraTodo el proceso empieza aquí, dice el Ing. Diego Cárdenas, decano de Ingeniería Ambiental, señalando la cafetería de la universidad. En ese lugar los trabajadores se encargan del primer paso de todo el proceso: la segregación, que consiste en la separación de los residuos orgánicos de los inorgánicos: papel, vidrio, etc.

    Y es que del total de los desechos que genera Lima –por lo menos unas 5 mil 700 toneladas por día– un 52%, explica Cárdenas, es materia orgánica. Es decir, más de la mitad de la basura de Lima podría no ir a los rellenos y más bien sería tratada para su reutilización. Con ello, además, los rellenos sanitarios incrementarían su vida útil, solo con residuos secos. El 30% del resto de la basura se puede reciclar, solo el 18% restante son residuos no aprovechables que irían al relleno”, indica.

    “Lo que sucede es que la interacción de los desechos orgánicos e inorgánicos que hay en los rellenos es lo que genera diferentes emisiones. Por ejemplo, un relleno emite gas metano, 25 veces más contaminante que el CO2. Además, estos segregan líquidos lixiviados (una suerte de agua contaminada), que son hasta 50 veces más contaminantes que el desagüe de un hogar común”, explica Carlos Alberto Leyton, de la Facultad de Ingeniería Ambiental.

    Una vez que los residuos orgánicos llegan a Ancón, son colocados sobre una cama de estiércol de cuyes y conejos que se crían allí, mezclado con residuos secos y hierbas. “Luego se procede al volteado, para que los materiales capten oxígeno, esto permitirá que los microorganismos responsables de la degradación de los residuos se multipliquen. Este proceso se realiza tres veces por semana, luego dos, por 45 días, y se deja a maduración por casi el mismo tiempo. Esto permitirá que el producto final sea más rico en minerales, que las plantas van a asimilar mejor”, dice. 

    El abono se usa para plantas, tomates, camotes, etc., que se consumen en la cafetería de la universidad. Ahí es donde el círculo de la conservación se cierra y vuelve a empezar.

    Un modelo para ser imitado

    Carlos Alberto Leyton señaló que existen proyectos similares en las zonas de Huamantanga (Canta), así como en Chincha.

    También indicó que algunos países de Europa ya están adoptando este modelo de compostaje a nivel industrializado. La nueva corriente es la del relleno sanitario seco, para reducir emisiones tóxicas. Los líquidos lixiviados son los que contaminan las aguas subterráneas y los suelos.

    ”Si retiramos la parte orgánica de los rellenos, en 45 días podríamos tratarla y frenar la contaminación”, dijo.


    Fuente: La República

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